Para mí esta leyenda va más allá de alguien que toca un órgano en un convento; para mí es la unión de la música con la belleza y la vida. Para Maese Pérez es todo una misma cosa; para él, su órgano era su vida, con él creaba belleza, algo que va más allá de lo que se pueda ver u oír. Habría que sentir su música como lo hacía él, era escucharla y vibrar. Yo, mientras leía esta leyenda, parecía que escuchaba su música y que lo veía a él sentado frente a su órgano, tocándolo con tanta suavidad que parecía que acariciaba cada una de sus teclas como el aire acaricia una flor, con suavidad. Para mí, Maese Pérez era todo sentimiento.